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Érase una vez...

Flores Rojas

 
A la mañana siguiente, aquel ramo gigantesco de espléndidas rosas rojas, tan precioso y tan caro, que él le había querido regalar la mañana anterior, seguía allí.   Pero sus pétalos temblaban lánguidos queriendo ya reposar en el suelo; en cambio, el sencillo tulipán también rojo que ella había preferido y que él le había concedido, aquél que el día antes apenas despuntaba como capullo, se había abierto generoso a la vida como las palabras hermosas.
 
jueves, 09 de marzo de 2006
 
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