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Érase una vez...

Cerebros de ocasión

— ¡Hombre! Don Eulogio, usted por aquí de nuevo.

— Sí, ya ve, Don Paco, este cerebro tampoco ha funcionado.  Vengo a por un nuevo canje.

— ¡¿Cómo?! ¿Qué ha pasado esta vez?  Si se llevó usted de lo mejorcito que tenemos en la tienda.  Producto nacional, además.

— Sí, si caro me costó, mucho más que el anterior; pero ya ve.  Estaba convencido de que lograría adaptarme, pero nada, lo único que he conseguido dejando pasar el tiempo es perder la garantía.

— Sí que lo siento, Don Eulogio.  Pero cuénteme, ¿qué problema le está dando exactamente?

  Le sonará raro, pero... es como si este cerebro estuviera enamorado del PC de mi oficina.

— ¿Enamoradoooooo? ¿Qué me dice?

— Lo que yo le diga, Don Paco.  Es sentarme en mi sillón y sintonizarme con todos los programas y aplicaciones.   El trabajo que de normal se saca en tres días, lo hago en una mañana.  Fíjese que mi jefe me ha propuesto un ascenso...

— ¿Y eso es un problema?  No entiendo, debería estar usted satisfecho, ya le dije que era un cerebro muy ágil y bien dotado.

— ¡Quía! Me he convertido en un adicto al trabajo, estoy en un eterno sin vivir hasta que no llego a la oficina, ¡si hasta hago horas extras! Y claro mi mujer se queja y con razón, cuando llego los niños ya están acostados y los fines de semana estoy de tan malhumor que no hay manera de hacer vida familiar.

¡Ni vida social! Nuestros amigos ya no quieren salir de cena con nosotros, porque ágil desde luego sí que lo es, pero claro ¿quién puede soportar a un tipo que se pasa toda la velada calculando desde el importe de la factura antes aun de haber hecho la comanda, al número exacto de cubiertos que haya en el restaurante, cuántos probablemente se caerán de las manos de los clientes, cuántas veces se tendrán que cambiar, en cuántas mesas será posible que se usen para dos turnos... y así hasta el infinito?

— ¿Y son erróneos esos cálculos?

— No, qué va, no podrían ser más exactos, pero claro, imagínese lo que llegan a aburrirse mis amigos.  ¡Si hasta le aconsejan a mi esposa que me haga visitar por un psiquiatra!

— ¡Ah, no!  ¡eso sí que no!  Aquí no vendemos productos defectuosos, todos nuestros cerebros vienen con sus correspondientes escáneres y resonancias magnéticas reglamentarios que demuestran que son de alta calidad.  Hasta esos que estamos saldando cumplen con los requisitos que nos exigen el Ministerio de Sanidad.

— No se lo discuto, Don Paco, si yo fuera físico o matemático de profesión, igual hasta ganaba el Nóbel, pero soy un oficinista corriente y preferiría un cerebro más lerdo pero más útil para la buena convivencia.

— Ya, claro, voy comprendiendo.. ¡mmmmm! Déjeme pensar... creo que con unos cuantos retoques podremos resolver el problema.  Habría que deshacer algunas conexiones en asa, fomentar las sinapsis inhibidoras y, lo más importante, cambiar el dominio del hemisferio izquierdo por el dominio del hemisferio derecho.  Estos ajustes afectarán a algunas enzimas, pero con no probar el alcohol será suficiente para que no haya reacciones adversas.

— ¿Qué me dice? Si uno de mis mayores placeres es degustar buenos vinos, pertenezco a una asociación de catadores y he ganado hasta medallas... No soy capaz de entender la vida sin ese pequeño hobbie , no lo resistiría, yo...

— Bien, bien, no se altere usted, Don Eulogio.  Tengo la solución también para eso, cambiaremos todo el bulbo raquídeo, engrosaremos el hipotálamo y ensancharemos el cuerpo calloso, eso le hará sordear un poquito, pero la molestia será mínima.  Sí, con esos retoques se solucionarán sus problemas actuales sin renunciar a sus aficiones, su vida familiar y social mejorará y no dejará de serle útil en el trabajo.

— No sé, no sé, no lo veo claro, no dejará de ser un cerebro reparado y... Por otra parte ya le he dicho que no está en garantía, ¿a cuánto ascendería esa reparación?

— Se lo calculo rápidamente.  Veamos: cauterización de los circuitos en asa del cálculo y estimulación de las sinapsis inhibidoras, 50 euros;  traslado del dominio del hemisferio izquierdo al derecho, 500 euros, es una operación delicada; bulbo raquídeo nuevo 700 euros, material de primera, ¿eh?; engrosamiento de hipotálamo, 300 euros; ensanchamiento del cuerpo calloso otros 300 euros; y 150 euros de mano de obra y desplazamiento... en total... 2000 euros.

— ¿Quéeeeeeeeeee? ¡Si de nuevo me costó 1300!  ¡Qué barbaridad! Pagar todo eso para acabar con un cerebro retocado, no, no, quiero uno nuevo que ya incorporé todas esas virtudes.

— Es que verá, Don Eulogio, un cerebro de las características que usted necesita sólo lo producen los alemanes, es alta ingeniería genética, y el modelo más barato no baja de los 3000 euros.  Está la opción de las imitaciones japonesas, cuestan la mitad, pero... no, no puedo recomendárselas, provocan respuestas demasiado robotizadas.  Piense que tanto si reparamos el que ya tiene, como si compra uno alemán se lo podemos financiar en cómodos plazos durante tres años sin intereses.

— Quite, quite, ya tengo los plazos del televisor de plasma, el PC de la niña, la nevera, la lavadora y la cabina de rayos UVA, eso fue un capricho de mi mujer, pero como la tenía tan abandonada, no supe negarme.

— Comprendo, ¿en qué presupuesto había pensado?

— Mire, la verdad es que si me he decidido a volver es porque llevo días viendo la oferta que anuncia en el escaparate de cerebros a 600 euros.

— ¡Hombre, Don Eulogio! Usted es un buen cliente, yo nunca le recomendaría ese producto.  Mire, se lo diré en confianza, esos cerebros son made in India, salen tan bien de precio porque están manufacturados, es decir, no han sido calibrados informáticamente, sanos son, desde luego, pero es más que probable que en plena reunión de trabajo ese cerebro le ordene realizar una meditación trascendental o le obligue a construir un mandala   o cualquier otra práctica de la tradición hindú.

  Tradición Hindú, ¿eh? ¿Eso incluiría el Kamasutra?

  ¿El Kamasutra? Sí, claro, también lo incluyen, pero son cerebros de corta duración y...

— No se hable más, Don Paco, me llevo dos.  Estoy seguro de que, aunque pierda el ascenso,  mi esposa me lo compensará por otros ascensos.

 
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2 comentarios

Our -

Ojala udiesemos cambiar de cerebro tan facilmente, creo que todos seriamos superinteligentes, bueno, unos mas que otros.
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